Barcelona en otoño se pone preciosa, el gótico se vuelve más sepia, el mar huele más salado y con los primeros días fríos aparecen las castañeras vendiendo castañas y boniatos(batatas de donde vengo) a las brasas. Yo no pierdo las costumbres argentinas... con el frío saco a la vida la bufanda que me tejió mi vieja y empiezo a tomar mate cocido en el sofá, el año pasado me compre un pijama de franela rojo y aunque me gusta más el verano estoy intentando reconciliarme con el invierno. Todavía no me acostumbro a que sea invierno para Navidad, pero creo que eso se me ira pasando. Tampoco me acostumbro a que las clases comiencen en septiembre, tengo sensación de marzo, eso también se me tendrá que pasar.
Se termina el verano y las mañanas son más frías, los días de apoco se ponen más grises y yo espero que lleguen los chocolates con churros, los primeros pasos de mi Coquito, instaurar una nueva tradición familiar para las fiestas en familia y los cumpleaños de mis amores.
Se termina el verano y también se me termina el año...



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