Tenía algo tierno para subir. Era realmente tierno y me hacía sentir bien, pese a mi mal humor de agosto y lo poco que dormí anoche. Pero al llegar al trabajo mi idea se desinflo como un globo mal atado.
Les cuento para que el que tome el trabajo de leerme entienda bien.
Hace un par de meses con María comenzamos un blog para el
Coco. No teníamos por objetivo darnos a conocer como familia homoparental, simplemente queríamos poder subir fotos y vídeos del bebe de forma que nuestra familia y amigos del otro lado del mundo pudiera estar al tanto de como va creciendo sin tener que ir saltando del fotolog a youtube. La única pareja de mujeres con hijos que habíamos conocido era el Titanic, se estaban hundiendo y partiendo a la mitad y los pobres nenes eran los naufragos sin bote; así que no creímos que fuéramos a conoce a más mamis como nosotras. Pero nos encontramos con un montón de familias con hijos o en busca de ellos desparramadas por el mundo. Mujeres increíbles que soportan pacientemente inseminación tras inseminación en busca del ansiado positivo, alguna que ha visto su sueño truncando por un aborto espontáneo, que se paran frente a familia, barrio, amigos y defienden con uñas y dientes a SU FAMILIA, que luchan por los derechos de todas nosotras, que te ofrecen una palabra de aliento y mensaje positivo aunque no te alcancen los dedos para contar los miles de kilómetros que nos separa.
Bueno, el asunto es que hoy entre al blog había dejado preparada una actualización automática y me encontré con un comentario que me dio por las pelotas. Desde hace algunos días que nos hemos encontrado frente a un dilema que creíamos extinto, nos topamos con unas cuentas señoras y señoritas muy militantes y muy obsecadas (por no decir lo que se me esta pasando por la cabeza) que nos acusan de inculcarle a nuestros hijos ideales heterosexuales o de ser crueles por no terminar de comprender como es que le piden a un chico de 3 años que le mienta a su abuela para que no se entere que la pareja de su mamá es una mujer. Me entienden? no tenemos bastante con los de afuera, con los super católicos, con los que nos llaman enfermos, con los que nos discriminan rechazan y pisotean que para colmo, tenemos que soportar esto dentro del ámbito en el que deberíamos sentirnos cómodas.
No es la primera vez que nos pasa esto, María ya había tenido un encuentro con una chica que la criticaba por tener amigos heterosexuales y nos topamos con un flaco que no se podía imaginar que traumas le trasmitiríamos a nuestro hijo. Todos muy homosexuales, muy militantes, muy de voy a todas las marchas.
Y yo me pregunto si queremos que se nos reconozca y que no nos discriminen no tenemos que educar con el ejemplo.